ciudad, Diego Llorente, habitación, interior-exterior, La bella Varsovia, poesía joven, ventana
In Uncategorized on Julio 10, 2010 at 11:43 am

Desde no hace mucho tiempo, resulta excesivamente frecuente la aparición de un cierto grupo de lectores que exige a los libros de poetas jóvenes un acabamiento impropio de esos trabajos. Probablemente, este requerimiento venga motivado por el hartazgo que produce encontrar un buen número de poemarios no conscientes de su propia condición, ni del contexto estético en el que se inscriben. Pero una vez más, la presencia abrumadora de lo inerte tiene la capacidad de eclipsar los logros de muchos escritores noveles que se esfuerzan por encontrar caminos por los que ir transitando el hecho literario.
Este sería el caso de Diego Llorente que, con habitación, su primer poemario y II Premio de Poesía Joven «Pablo García Baena», escapa del exceso que normalmente acecha al iniciado; y persigue, en aquellos ámbitos más alejados de la grandilocuencia, la feliz aparición de lo extraordinario.
De ahí, justamente, que el sujeto poético de estos versos se encuentre modulado por el entorno, en una suerte de ἐποχή, donde son las cosas quienes llevan a cabo la consecución de las acciones. El entorno cumple, pues, la función de la conciencia. Del mismo modo, las acotaciones sentimentales, espaciales y temporales que aparecen al final de algunos de los poemas —casi a modo de título— resuelven el ambiente donde debe ubicarse la impresión.
451 editores, agustín fernández mallo, Circular, Don DeLillo, El ladrón de morfina, Gabriel García Márquez, Guerra de Corea, Isaac Rosa, Javier Pascual, Jorge Carrión, Juan Francisco Ferré, La Piel de la Boca, Los Acasos, Mario Cuenca Sandoval, nocilla dream, novela, Vicente Luís Mora
In Uncategorized on Junio 30, 2010 at 11:40 pm

Dos soldados del ejército invasor coinciden en la Guerra de Corea para explotar el territorio universal de los conflictos bélicos de la segunda mitad del Siglo XX. Al otro lado de las líneas, los lugareños inauguran nuevas formas de vida, nuevas rutinas de este periodo excepcional que se verá definitivamente trastocado por los encuentros multiculturales -de la tortura a la asistencia médica, del erotismo a la pederastia- que sellarán el destino de los personajes. Poesía y belleza, distancia e imaginación, fragmentarismo pangéico y metaficción cervantina son algunos de los valores literarios que juegan un papel en las desenvolturas de esta trama.
No sería erróneo repetir la matraca crítica que se lee en algunos periódicos cada vez que aparece una novela de un escritor de la generación y el estilo de Sandoval. El fragmentarismo del que siempre se habla como principio vertebrador de textos como los de Rosa, Mora, Carrión, Ferré o Fernández Mallo, evoluciona en El ladrón de morfina hacia una forma sutil de engarzar unas pocas digresiones dentro de una narración típica del cine actual, de esas en las que se van intercalando secuencias de diferentes historias que coinciden en un clímax final. La tensión narrativa, la organización temporal, los arcos tramáticos, la expectación, serán los elementos más importantes a nivel estructural, no esas pocas digresiones o fragmentos, que además se integran con gran coherencia en el significado global.