espacio de crítica literaria y cultural

—¿Cuándo es posible saber cómo llegar? Siempre, pero llegar no— “Extra”, de Antonio Méndez Rubio.

In Uncategorized on Julio 20, 2010 at 1:36 pm

Toda la obra poética de Antonio Méndez Rubio está sustentada sobre múltiples ejes contrapuestos, que lejos de contradecirse, alimentan una visión amplia y estructurada de la poesía. En permanente lucha por encontrar puntos de contacto con la realidad, atrapa mundos que apenas permanecen el tiempo suficiente para ser nombrados. La luz se vuelve, de este modo, elemento indispensable de su poética, pues es la encargada, en ciertas ocasiones, de hacer visibles las cosas pero también, en otras, de velarlas con un exceso lumínico que impide su aprehensión. Así, en el polo opuesto a esta actitud veladora se situaría la oscuridad, “la noche para ver” que es la premisa desde la que parte su último libro, Extra. Un nuevo recorrido por las posibilidades del lenguaje frente a la realidad.

La mirada resulta ser, entonces, uno de sus principales planteamientos, ya que como señalábamos, se convierte en el elemento jánico que multiplica las posibilidades de percepción. En este orden de cosas, la mirada no respondería de manera unívoca y resolutiva puesto que en ella están contenidas, además de sus limitaciones, su propia refutación y destrucción. De este modo, el juego poético se disuelve y potencia en diferentes centros perceptivos.

“habitación”, Diego Llorente

In Uncategorized on Julio 10, 2010 at 11:43 am

Desde no hace mucho tiempo, resulta excesivamente frecuente la aparición de un cierto grupo de lectores que exige a los libros de poetas jóvenes un acabamiento impropio de esos trabajos. Probablemente, este requerimiento venga motivado por el hartazgo que produce encontrar un buen número de poemarios no conscientes de su propia condición, ni del contexto estético en el que se inscriben. Pero una vez más, la presencia abrumadora de lo inerte tiene la capacidad de eclipsar los logros de muchos escritores noveles que se esfuerzan por encontrar caminos por los que ir transitando el hecho literario.

Este sería el caso de Diego Llorente que, con habitación, su primer poemario y II Premio de Poesía Joven «Pablo García Baena», escapa del exceso que normalmente acecha al iniciado; y persigue, en aquellos ámbitos más alejados de la grandilocuencia, la feliz aparición de lo extraordinario.

De ahí, justamente, que el sujeto poético de estos versos se encuentre modulado por el entorno, en una suerte de ἐποχή, donde son las cosas quienes llevan a cabo la consecución de las acciones. El entorno cumple, pues, la función de la conciencia. Del mismo modo, las acotaciones sentimentales, espaciales y temporales que aparecen al final de algunos de los poemas —casi a modo de título— resuelven el ambiente donde debe ubicarse la impresión.

El ladrón de morfina, de Mario Cuenca Sandoval

In Uncategorized on Junio 30, 2010 at 11:40 pm

Dos soldados del ejército invasor coinciden en la Guerra de Corea para explotar el territorio universal de los conflictos bélicos de la segunda mitad del Siglo XX. Al otro lado de las líneas, los lugareños inauguran nuevas formas de vida, nuevas rutinas de este periodo excepcional que se verá definitivamente trastocado por los encuentros multiculturales -de la tortura a la asistencia médica, del erotismo a la pederastia- que sellarán el destino de los personajes. Poesía y belleza, distancia e imaginación, fragmentarismo pangéico y metaficción cervantina son algunos de los valores literarios que juegan un papel en las desenvolturas de esta trama.

No sería erróneo repetir la matraca crítica que se lee en algunos periódicos cada vez que aparece una novela de un escritor de la generación y el estilo de Sandoval. El fragmentarismo del que siempre se habla como principio vertebrador de textos como los de Rosa, Mora, Carrión, Ferré o Fernández Mallo, evoluciona en El ladrón de morfina hacia una forma sutil de engarzar unas pocas digresiones dentro de una narración típica del cine actual, de esas en las que se van intercalando secuencias de diferentes historias que coinciden en un clímax final. La tensión narrativa, la organización temporal, los arcos tramáticos, la expectación, serán los elementos más importantes a nivel estructural, no esas pocas digresiones o fragmentos, que además se integran con gran coherencia en el significado global.