espacio de crítica literaria y cultural

“Retorno a la imagen [Estética del cine en la modernidad melancólica]” de José Luis Molinuevo

In Uncategorized on Julio 30, 2010 at 8:15 pm

Por lo menos hasta la fecha, puede decirse que Retorno a la imagen es la obra que más se aproxima al programa de pensamiento “en imágenes” que durante estos años ha venido desarrollando José Luis Molinuevo en su blog. De algún modo, esto es algo que tiene mucho que ver con la propia naturaleza de la obra que, así concebida, no es tanto un libro sobre imágenes como una nota “extensa” a pie de ellas. Es decir, un libro que más que comentar trata de mostrar las imágenes, no sólo de forma visual, sino también (y de forma predominante) a través de la palabra.

Como la mayoría de sus referentes (las películas de Wim Wenders, Theo Angelopoulos, Werner Herzog, Bela Tarr, Andrei Tarkovski o Michelangelo Antonioni) el discurso de Molinuevo no responde a un orden lineal (lo vemos en el índice, que aparece desprovisto de numeración y paginación); como tampoco a una serie de conclusiones avanzadas y reflexiones previas sobre las obras. Antes, al contrario, Retorno a la imagen se presenta como el producto de una observación asidua de estas películas y, por lo tanto, como una lectura “en tránsito” que se aproxima a las imágenes en tanto imágenes, y no como conceptos. Está en su naturaleza no agotar su discurso, tampoco los planteamientos aquí expuestos, dado que se trata de un estudio en constante revisión e implementación. Así se pone de manifiesto en el propio decurso de la obra, en la que se detectan algunos ritornellos (ideas que se retoman, otro tipo de regreso) que aportan cierto dinamismo al trabajo y lo configuran como espiral argumental, oscilante.

—¿Cuándo es posible saber cómo llegar? Siempre, pero llegar no— “Extra”, de Antonio Méndez Rubio.

In Uncategorized on Julio 20, 2010 at 1:36 pm

Toda la obra poética de Antonio Méndez Rubio está sustentada sobre múltiples ejes contrapuestos, que lejos de contradecirse, alimentan una visión amplia y estructurada de la poesía. En permanente lucha por encontrar puntos de contacto con la realidad, atrapa mundos que apenas permanecen el tiempo suficiente para ser nombrados. La luz se vuelve, de este modo, elemento indispensable de su poética, pues es la encargada, en ciertas ocasiones, de hacer visibles las cosas pero también, en otras, de velarlas con un exceso lumínico que impide su aprehensión. Así, en el polo opuesto a esta actitud veladora se situaría la oscuridad, “la noche para ver” que es la premisa desde la que parte su último libro, Extra. Un nuevo recorrido por las posibilidades del lenguaje frente a la realidad.

La mirada resulta ser, entonces, uno de sus principales planteamientos, ya que como señalábamos, se convierte en el elemento jánico que multiplica las posibilidades de percepción. En este orden de cosas, la mirada no respondería de manera unívoca y resolutiva puesto que en ella están contenidas, además de sus limitaciones, su propia refutación y destrucción. De este modo, el juego poético se disuelve y potencia en diferentes centros perceptivos.

“habitación”, Diego Llorente

In Uncategorized on Julio 10, 2010 at 11:43 am

Desde no hace mucho tiempo, resulta excesivamente frecuente la aparición de un cierto grupo de lectores que exige a los libros de poetas jóvenes un acabamiento impropio de esos trabajos. Probablemente, este requerimiento venga motivado por el hartazgo que produce encontrar un buen número de poemarios no conscientes de su propia condición, ni del contexto estético en el que se inscriben. Pero una vez más, la presencia abrumadora de lo inerte tiene la capacidad de eclipsar los logros de muchos escritores noveles que se esfuerzan por encontrar caminos por los que ir transitando el hecho literario.

Este sería el caso de Diego Llorente que, con habitación, su primer poemario y II Premio de Poesía Joven «Pablo García Baena», escapa del exceso que normalmente acecha al iniciado; y persigue, en aquellos ámbitos más alejados de la grandilocuencia, la feliz aparición de lo extraordinario.

De ahí, justamente, que el sujeto poético de estos versos se encuentre modulado por el entorno, en una suerte de ἐποχή, donde son las cosas quienes llevan a cabo la consecución de las acciones. El entorno cumple, pues, la función de la conciencia. Del mismo modo, las acotaciones sentimentales, espaciales y temporales que aparecen al final de algunos de los poemas —casi a modo de título— resuelven el ambiente donde debe ubicarse la impresión.