Se ha hablado de la tardanza del arranque de la literatura pop-moderna en España respecto a otros panoramas como el norteamericano. Pero si ampliamos el espectro a todas las disciplinas narrativas, hay que reconocer que en películas como El día de la Bestia (1995) ya se encuentran planteadas gran parte de las consignas estéticas que hoy se venden como innovadoras en nuestros círculos literarios. Ahora Seix Barral reedita Payasos en la lavadora (1997), una novela que el Álex de la Iglesia, según asegura en una entrevista a El País, escribió después del rodaje de Acción mutante, su primer largometraje, entre 1993 y 1995. ¿Y por qué ahora es un buen momento para volver a publicarla? Venciendo la desconfianza que suscitan los primeros pinitos en literatura de cualquier personaje público, hay buenas razones para abordar esta obra y dilucidar si debe ser tenida en cuenta. Álex de la Iglesia no solo tiene en su haber las credenciales de haber trabajado, con varios años de adelanto, desde presupuestos que hoy nutren a creadores literarios españoles de última generación; también le tenemos leídas algunas columnas excelentes que no dejan lugar a dudas: sabe escribir. Algo muy útil (aunque ni mucho menos indispensable) para ponerle tu nombre a una novela.
El sistema de una caída; “El hombre que vio caer a Deleuze” de José Vidal Valicourt
In Uncategorized on Enero 20, 2010 at 11:13 am¿Por qué Deleuze?
Slavoj Žižek, Órganos sin cuerpo
Cuando el 4 de noviembre de 1995 Gilles Deleuze saltaba por la ventana de su casa en París era consciente de poner fin a una existencia organizada: el cuerpo registrado como ‘Gilles Deleuze’. La caída tuvo sus consecuencias reales, incluso antes de que se abriera una ventana de la Avenida Niel, en el distrito XVII de la capital francesa. La primera de ellas fue refutar en términos de resistencia la máxima “lo que puede un cuerpo” de Spinoza y la segunda -relacionada con la anterior- cuando el filósofo entiende este mismo cuerpo como lugar de mediación entre la física y la metafísica. Porque antes y después de la caída su pensamiento se mantuvo, quizás, más allá de ese campo a través, el cuerpo, aunque paradójicamente ello suponga aceptar la sistematización de unas ideas que se concretan en la escritura de una obra. La contradicción (perfectamente poética) que podemos denominar deleuziana, no es otra que haber creado un sistema de pensamiento a partir de una resistencia tenaz al Sistema, a la Institución, en definitiva, al establecimiento de un Estatus Quo, incluída la Filosofía en tanto que disciplina académica. Precisamente esto, que hace al sistema de pensamiento deleuziano vulnerable, imperfecto y cuestionable, es la falla que lo hace funcionar. Las grietas son parte de la estructura, como dice mi abuela. De ahí los fundados reproches de Žižek al francés; en palabras de éste, Deleuze se apropiaría –y no desmantela, de ahí su diferencia respecto a
Entre la tradición y lo post-literario, “Mutatis mutandis” de Javier García Rodríguez
In Uncategorized on Enero 10, 2010 at 12:36 pm[1] ¿De verdad existe una conspiración?
Recordemos: en la película del Proyecto Nocilla Fernández Mallo menciona una idea sobre un proyecto de creación colectiva (y despliega en torno al conjunto una iconografía terrorista), en la que un grupo de escritores se propone realizar una obra cuyo resultado alcance cierta validez poética. Minutos más adelante, Fernández Porta lo “destapa” como “agente de la TIA” que casi sin querer (y esto significa, desde la poesía), ha logrado infiltrarse en “los medios literarios underground, indie y contraculturales españoles”, desajustando así el aparato crítico, teórico y creativo ya establecido. Chapeau!
[2] Por qué ante todo mutantes
Después de etiquetas y eslóganes generacionales, parece que la mejor denominación para la producción literaria de estos escritores (con pretensiones vanguardistas, espíritu renovador) ha sido ésta de mutaciones; que no es mal término para abordar los efectos y reacciones que han tenido lugar a partir de la publicación de estas otras líneas y propuestas creativas. En palabras de Fernández Mallo, “para escribir como en el siglo XX siempre estaremos a tiempo”. O tal vez no. Hay que pensar que ya no estamos hablando de ocurrencias puntuales, sino de la emancipación de un paradigma estético que aún se aprecia en términos de novedad; y esto, pese a que ya casi nadie habla de márgenes: “hubo un momento en que pasamos de ser nosotros a ser we”. Como prueba, la aparición de este libro, que no podría ser más oportuna dada la evolución creativa y comercial de la mayoría de estos escritores (atendamos al cuadro que se recoge en la página 36).




