espacio de crítica literaria y cultural

“La piel de la Boca”, de Jorge Carrión

In Jorge Carrión, Uncategorized on abril 10, 2009 at 11:02 am

quinquela-ilustracion

¿Necesita una crítica un libro que contiene su propia teoría? La Piel de la boca es uno de esos libros que parten de un concienzudo trabajo teórico previo, y Jorge Carrión uno de esos autores a quienes les gusta explicar sus planteamientos y métodos en el interior de la obra, convirtiéndolos así en material literario. Si a esto sumamos la coherencia con que ha mantenido los principios que reivindicó para sí cuando le entrevisté en el Encuentro de Málaga del año pasado, la necesidad de esta reseña se pone en serio entredicho. Quizás fue porque cuando le hice tal entrevista Carrión estaba justamente trabajando sobre La Piel de la Boca, o quizás porque Carrión, crítico reputado, tiene más claro que nadie qué crítica merece su obra. O quizás sea porque Carrión, invirtiendo el orden tradicional de las cosas, escribiera antes la crítica de La Piel de la Boca, para luego escribir, consecuentemente, una novela al respecto.

“La mía es una poética del yo”, me dijo entonces. Suponía una afirmación algo extravagante para alguien cuyos libros suelen catalogarse dentro de la literatura de viajes. Sin embargo, Carrión lo hace posible planeando el viaje como búsqueda personal, y describiendo el lugar mediante una comparación entre lo viajado y su vida, construyendo así ambas identidades a través de la alimentación recíproca de significado. Cada nuevo libro suma más piezas a ese inacabable puzzle que conforma la identidad personal del escritor, y que va componiéndose a lo largo de toda su obra.

.

En esta ocasión, el foco se desplaza al Barrio de La Boca, en Buenos Aires. Allí da cuenta de la vida de algunos de sus habitantes más emblemáticos, así como de la pequeña “familia de acogida”, en cuya rutina Carrión se integra durante sus meses de estancia. La historias narradas en tercera persona se intercalan con testimonios que trasladan la viva voz de estos personajes (¿o deberíamos decir personas?), con un estilo cercano a ese género literario que popularizó Elena Poniatowska. Mezcladas con éstas, además de nutridas referencias a los orígenes del autor, se introduce una historia del barrio que es, en verdad, la historia sobre la imagen ficticia de La Boca que se ha ido elaborando a través de las interpretaciones y omisiones de otros escritores, intelectuales y artistas del pasado. En conjunto, La Piel de la Boca se trata de un texto fragmentado, ordenado en torno a capítulos temáticos sobre un personaje, donde la labor de dar ritmo recae sobre el párrafo y no sobre una trama general, pues se prescinde de clímax o tensión argumental. No habrá más desenlace que la paulatina pérdida de interés por el lugar que deja entrever el autor en sus últimas páginas.

.

Hsta entonces, Carrión practica esa clase de escritura que no solo implica el tiempo, sino también la bolsa y la vida. Su compromiso personal con lo narrado le lleva a introducir recuerdos de infancia, casi siempre enfocados a indagar sobre un origen, y que conectan con el pasado familiar que contó en Australia, su anterior trabajo. Con todo, no usurpará al barrio de La Boca su papel protagonista. Por eso La Piel de la Boca puede inscribirse dentro de la crónica de viajes más que de la novela, siendo una apuesta clara por la renovación de un género con el que a Carrión le gusta dialogar en cada uno de sus libros, que se ofrecen como ensayos para forjar el último eslabón de una tradición bien asimilada. Fruto de la comparación entre su identidad y el viaje, Carrión experimenta una identificación emotiva que plasma en analogías entre su vecindario natal -en Mataró- y La Boca, así como de la similitud biográfica entre él mismo y los habitantes del distrito bonaerense. Jorge, catalán hijo de inmigrantes andaluces, entrevista a argentinos hijos de inmigrantes, todos habitantes de la periferia de la periferia. En este juego, Mataró es periferia de Barcelona (su referencia obligada), y el barrio natal de Jorge es periferia de Mataró, y La Boca, periferia de Buenos Aires, y por último, Buenos Aires, periferia del mundo.

.

Otra faceta de esta comparación es la introducción, en muchos momentos del texto, de un paréntesis donde pone el vocablo argentino que corresponde a la expresión española usada. Por ejemplo, escribe “conducir [manejar]“. Hay aquí una denuncia explícita de la diferencia, pero también una aceptación de la diversidad. El procedimiento puede verse como un reflejo de la identidad del propio Carrión, el hijo de inmigrantes en Cataluña, cuyo nombre también podría ponerse entre paréntesis para decir: Jorge [Jordi] Carrión. Este desdoblamiento del lenguaje, como revelación o metáfora del conflicto latente de sus orígenes, constituye uno de los pilares de su poética.

.

Yo estaba en la ciudad para conocer los lugares que Borges y Cortázar habían marcado con su escritura, y en sus topografías no estaba La Boca. Con esta afirmación, en las primeras páginas del libro, queda claro que el planteamiento inicial de su viaje era la búsqueda de un escenario donde proyectar lo literario o discursivo, subordinando su experiencia directa con la ciudad a la imagen que otros proyectaron de ella, adquirida en la distancia, que actúa como filtro de contención y distorsión entre el sujeto y lo vivido. Cuando Carrión va a La Boca, ese planteamiento se descoyunta. Su siguiente viaje, y el texto resultante, plasmarán precisamente la operación contraria, que consiste en vivir La Boca para discutir aquello que otros dijeron sobre ella, obligando a lo leído a dar cuentas respecto a la realidad, a las lecturas respecto a lo viajado. Como ya se ha dicho, esto forma parte de un cuestionamiento general del autor a la forma en que se han dado a conocer los lugares extraños, especialmente a través de la literatura hecha por los viajeros. En clara sintonía con algunas corrientes posmodernistas, que en los últimos años se han ocupado de denunciar las trampas del discurso para enunciar la realidad, Carrión se atribuye una labor de reparación o reajuste de los tópicos establecidos en torno al propio barrio de La Boca, a la idea de viajero y otra serie de clichés recurrentes.

.

Sobre el barrio de La Boca, la primera denuncia no es sobre un error de documentación, sino sobre el hecho de hallarse al margen de la documentación, concretamente, por parte de los intelectuales españoles de la primera mitad del Siglo XX, que ignoraron La Boca por no formar parte de los barrios de clase alta donde acudían a sus eventos y citas con la alta sociedad. Enfundando en el traje de cazador de mitos, Carrión deja clara la indiferencia de Lorca u Ortega y Gasset hacia La Boca, y califica de “visión poética y egocéntrica de Borges” aquella que el escritor bonaerense adoptó para con su ciudad natal, o el pintoresquismo con que Quinquela se inventó los colores del barrio, en vez de esforzarse en darle a sus pinturas algo de fidelidad.

.

Sobre el viajero, más que una reflexión explícita, es el retrato que hace de sí mismo lo que sirve de contrapunto a ese estereotipo fraguado en el imaginario colectivo, que va desde Livingstone hasta Lara Croft, pasando por el reportero del National Geographic. El viajero ya no se interna en lo desconocido, en lo exótico o pintoresco. Contra la visión espectacular del turismo y el Discovery Channel, Carrión extirpa de su prosa “las fotos de recuerdo” y acorta la distancia con el lugar al integrarse en la vida de sus habitantes. Yo tuve rutina en La Boca, nos dice, lo que podemos interpretar como: “yo no fui turista en La Boca”. No se trata de sublimar su posición; al contrario. Hay una desmitificación clara al hacer explícito su miedo y su debilidad, su torpeza memorable desde al infancia, y sobre todo, al mostrar humildad en sus juicios sobre la interpretación de lo que le rodea. En el siglo XXI, anuncia, el viajero ya no tiene la exclusiva del lugar. Mientras Colón podía venderles a Isabel y Fernando una América copiada del libro de Marco Polo, Carrión escribe desde el recato de quien se sabe habitante de un planeta donde cualquiera puede pagar un vuelo Low Cost a La Plata, o meterse en un chat argentino (Canal La Boca) y preguntar directamente a los habitantes del ayhá que hay de cierto en lo que el viajero ha descrito. Una actitud de la que muchos podrían aprender, como por ejemplo Gabi Martínez, cuyo libro sobre China, Los Mares de Wang, va sobrado de la clase de errores que resultan inadmisibles en un escritor de viajes de nuestro siglo.

.

“Para mí es muy importante que la literatura, sin rebajar nunca su exigencia estética, sea muy ética. La literatura ha de respetar el mundo, e incluso cuando lo violenta, al menos en mi caso, parte de un impulso ético”. La humildad de Carrión, su empeño en la denuncia de las distorsiones provocadas por otros escritores, su deseo de restaurar una imagen fidedigna de La Boca, su deseo de enseñarnos “su cocina”, su propio comportamiento en el viaje… Todo forma parte de un programa humanista que se define por la búsqueda de la integridad en la plasmación de la memoria. Solo esa integridad le parece tolerable, y por ello quiere librar el discurso de las técnicas que distorsionan la memoria y de los escritores que supeditan la verdad a sus intereses espurios. Todo ello hace de su escritura un discurso a la contra, muy concentrado en lo que no se debe hacer, cuyo lado negativo es la excesiva sobriedad que en algunos puntos ensombrece el texto. Hay en Carrión una seriedad trágica, una gravedad en su mirada ante el mundo que tiene mucho que ver con su capacidad de convertir la realidad en literatura. Jorge se toma la cotidianeidad muy en serio, como mecanismo literario para convertir lo mundano en trascendente.

.

Ya en Australia, quedaba patente que esta búsqueda de la integridad en el discurso podía mermar (y mermaba) la literariedad de la prosa de Carrión. ¿Qué es la literatura sino exagerar?, decía el autor en su blog (o algo parecido). Efectivamente, cualquiera que quiera deconstruir lo pintoresco debe tener cuidado o puede acabar sin argumentos para justificar la literariedad de su discurso. Carrión se ha propuesto la tarea nada sencilla de armonizar la integridad en la plasmación de la memoria con el oficio artístico, literario, que en gran medida se basa precisamente en exagerar, embellecer o enrarecer la realidad, en definitiva, hacerla atractiva y fascinante a los ojos de los espectadores, aún a expensas de la realidad. La Piel de la Boca es, sin duda, mejor libro que Australia en el equilibrio de estos intereses algo contradictorios, y un paso acertado hacia el logro de ese difícil y valioso objetivo.

.

“¿Por qué te intrigan tanto tus orígenes?” Entre otras cosas, me respondió: “uno no decide qué cosas se convierten en una obsesión. Pero supongo que tiene que ver con una conciencia de clase”. Un timbre social que se mantiene como una nota leve pero persistente a lo largo de toda La Piel de la Boca, en clara armonía con la labor intelectual que Carrión ha desplegado hasta ahora. Personalmente, me sumo a ese planteamiento. Las estéticas que carecen de una dimensión humanística, de una sensibilidad más o menos pronunciada hacia la injusticia o el dolor, o que no demuestran un mínimo trasfondo ético, por muy respetables y brillantes que sean, nos deberían importar bastante poco.

MIGUEL ESPIGADO

  1. [...] Extensa reseña de Miguel Espigado en Afterpost. [...]

  2. Es maravilloso. Mejor que Australia, y ya es decir, pequeño, sutil, inquietante, maestro y a ratos perfecto. Mi favorito, sin duda. La literatura del futuro no está ya en la novela para siempre, sino en este escritor que recopila Memoria e Historia. En el fondo no estamos TAN lejos de (los temas/las intenciones de/las inquietudes de) esos meganovelones….pero Carrión lo lleva a su sebaldiana ruta.

    • A mí, personalmente, me ha gustado mucho, y también a Pablo L. y Rosa B, por lo que les he entendido. Esperemos que no pase desparecibido a los críticos de los medios grandes y le llegue a la gente. Creo que el autor ha dicho en alguna parte que La Piel de la Boca pasara a formar parte de un nuevo libro que aglutinará todas sus crónicas sobre Latinoamerica, y así se distribuiría defintivamente el texto por España y Latinoamerica. Si no lo he entendido mal, será otra oportunidad para hacerse con él, y para que el “foco crítico” recaiga sobre La Piel, si es que no lo está haciendo ya… Un placer ternerte por aquí, Alvy.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 30 seguidores

%d personas les gusta esto: