espacio de crítica literaria y cultural

Intente usar otras palabras, de Germán Sierra

In Germán Sierra, Uncategorized on septiembre 20, 2009 at 2:56 pm

jose lourenço

Como en sus anteriores proyectos, Germán Sierra continúa en esta novela su particular programa de diagnosis del presente a través del formato literario. Siempre bajo el prisma de historias amables y personajes insulsos (ahora Carlos Prat, antes el abogado Oriol), el autor elabora su pretexto para dejar al descubierto algunas de las principales obsesiones de la sociedad contemporánea, como son la paranoia, la globalización, el sexo o la panoptofilia, que es el extremo opuesto de la paranoia y uno de los principales ejes de esta novela. Del mismo modo que ocurría en Efectos secundarios (Debate, 2000) o Alto voltaje (Mondadori, 2004), el problema base que edifica esta narrativa consiste en la falta de intensidad de la vida cotidiana, que resulta insuficiente y átona para casi todos los protagonistas de sus relatos, sobre todo los masculinos. En esta novela, en particular, Germán Sierra nos presenta a un personaje (un funcionario) que busca sus minutos de gloria en una ficción que ha acabado convirtiendo en realidad: su papel como protagonista en la novela que una ex amante ha ido escribiendo (aunque de ello no haya constancia) a lo largo de los últimos años. Como pasa el tiempo y la novela no parece llegar a su fin (quién sabe si tampoco a su principio), Carlos Prat decide encargarle a un escritor novel que se adelante a la publicación, dejando en sus manos la escritura de su particular visión y experiencia de los hechos. “Si la montaña no va a Mahoma”… ya saben como sigue.

Lo particular de esta historia es, curiosamente, que aun siendo un usuario habitual de las nuevas tecnologías, Carlos Prat no busca su pervivencia y propia exposición en ellas, sino en un libro, que es una de las primeras formas de la vieja tecnología, que sin embargo él elige como promesa de eternidad en tanto “antídoto contra la actual sobredosis de postrealidad”. Que esto resulte extraño se debe fundamentalmente a que, como la mayoría de nosotros, el protagonista consume gran parte de su tiempo navegando on line buscando en Google cualquier información sobre cualquier cosa, incluyendo amigos, jefes, parejas, ex parejas, artistas… Pero sobre todo buscando (nueva) información sobre Patricia Cantino, la presunta escritora, quizá no tanto por averiguar qué es de su vida, como por encontrar respuestas sobre la suya propia. La clave de esta inclinación hacia el formato tradicional de edición y publicación literaria aparecía resuelta en una obra anterior de Germán Sierra, Efectos secundarios, AliciaMartin dislexiadonde podemos leer que “lo bueno de los libros es que siempre están ahí, invariables, que puedes recurrir mil veces a una página que ha sido escrita hace mil años y siempre te dirá lo mismo”. En cierto modo, ésta es una seguridad que hoy por hoy no podemos tener con los nuevos dispositivos, que se convierten en obsoletos apenas pasados unos meses; aunque la tendencia actual sea totalmente la contraria. De ahí el éxito de plataformas como Youtube, Blogger, web personales y todos esos dispositivos y programas televisivos que potencian la exteriorización de la propia imagen convertida en reflejo espectacular de todo aquello que, en general, nunca somos.

De cualquier modo, Carlos Prat es feliz en su simulación tanto profesional como personal. Tanto, que si la asume de una manera tan natural es porque hoy en día la simulación puede vivirse como una muy buena forma de supervivencia. Hace poco leíamos en la prensa que el mayor porcentaje de aspirantes a concursantes de la nueva edición de Gran Hermano estaba integrado por obreros en paro; meses antes saltaban a la pantalla los casos de Susan Boile y, más especialmente el de Jade Goody, que protagonizaba uno de los mayores excesos televisivos, convirtiéndose así en el gran icono del strash system internacional, siguiendo el término de Eloy Fernández Porta.

“¡QUE NOS MIREN!”

Comenta Edgar Gómez Cruz que la simulación, como la fragmentación y la multiplicidad “se constituyen en el uso de la pantalla como metáfora de la identidad”, lo que sin lugar a dudas se ha convertido en uno de los aspectos capitales en cualquier debate sobre nuevas tecnologías y sociedad. Hay que pensar que Google ha sido uno de los principales agentes de la revolución de nuestro comportamiento en la red, así como de nuestra relación con la información y el conocimiento, que hemos pasado a legitimar y gestionar de manera bien distinta a como era habitual. En palabras de uno de los personajes de la novela, “lo que nadie busca, simplemente no existe”, aunque normalmente se diga que en Google uno puede encontrarlo todo. El problema se plantea entonces en cómo acometemos la búsqueda, en tanto esperamos que Google se adecue a nuestras necesidades, cuando en realidad deberíamos ser nosotros los que nos acomodáramos a sus patrones de selección de datos. De este modo se evitaría que su respuesta fuera una aproximación a los términos introducidos, mas un sinfín de sugerencias, cuando no el mensaje que da título a esta novela y que finalmente nos obliga a reformular nuestras opciones.

Con todo, y a pesar de que la búsqueda (de ahí el título) es el leitmotiv de esta novela, la alusión a Google y su lógica resulta ocasional y anecdótica para el desarrollo de la misma. Conforme avanza la lectura, las expectativas abiertas con el título se descubren vacías y las ocurrencias levemente significativas. Más bien su punto fuerte deberíamos situarlo no ya en el manejo de la narración, que es impecable, sino en las digresiones, incorporadas al discurso en forma de entrevistas entre los personajes o “apropiaciones” de entradas publicadas en blogs, cuya principal función resulta ser la de mover a la reflexión, destacando sobre todo la perspicacia sociológica que acusan y cuyo alcance merecería sin duda un comentario aparte. Son textos en los que se abordan algunos de los mecanismos actuales de la industria cultural (publicidad y sociedad de consumo, modos de producción y comercialización del arte, gestión del copyright…) permitiendo así la fluctuación constante, tan característica de su obra, entre la narración y el ensayo, sin que se perciban fracturas o tensión discursiva alguna. Pues si algo caracteriza a este novela es justamente su escritura rigurosa y atenta a las últimas tendencias narrativas; convendrán conmigo en que a este texto no le falta detalle. Pero… ¿no estaba el demonio en ellos?

JARA CALLES

About these ads

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 29 seguidores

%d personas les gusta esto: