espacio de crítica literaria y cultural

Un humor con ética: “Hilo musical”, de Miqui Otero

In Miqui Otero, Uncategorized on septiembre 10, 2010 at 10:08 pm

El humorista es un moralista que se disfraza de sabio

Henry Bergson

 Con la rentrée editorial coincide una nueva temporada crítica en Afterpost, y una de sus propuestas más peculiares es la ópera prima Hilo musical de Miqui Otero. Varias son las razones. La primera de ellas tiene que ver con el tono desvergonzado y divertido de su escritura, ya que –y para que quede bien claro desde el principio- esta novela trata de recuperar la comicidad como motivo estético, para que el humor no parezca algo insustancial y ajeno a la literatura. La otra es que, para alcanzar tal objetivo, su autor aprovecha sin complejos todo tipo de referencias culturales (sobre todo musicales, aunque sin olvidar tampoco las literarias o la determinante influencia de los mass media y la publicidad). El resultado es un libro que va más allá de lo ameno, pues, mediante la carcajada, termina por establecer una conexión directa con el lector. La risa como espacio compartido entre autor, personajes y lector. Así es la sencilla narrativa que crea Miqui Otero, donde juega con ciertos tópicos de nuestra cultura, desubicando sus códigos hasta restarles importancia y mostrarlos ridículos. Y, sin embrago, conseguir esto, es más serio de lo que parece.

Cuando uno ha leído Hilo musical, tiene la sensación de haber colmado ciertas expectativas o, al menos, de que todo tenía que acabar bien. Quizás ello se deba a la tradicional –y me atrevería a decir olvidada- estructura inicio-nudo-desenlace (feliz) que aquí queda claramente explícita en una serie ilustrada: un hilo que se extiende, que se enreda y que, ya en la última parte de la novela, se rompe. Sí, el hilo conductor de la trama es ese mismo hilo musical que, además de marcar las partes y apoderarse del título, es el protagonista de la novela, puesto que allí se esconde el verdadero sentido de esta disimulada fábula moderna: la música como extensión vital. Y es que en el texto hay una constante en términos paródicos que nos ayuda a ver lo que también se quiere ocultar: “si todos los animales que me rodean fueran animales y no personas disfrazadas de animales, esto sería una fábula. Pero no lo son, así que no estoy seguro de que todo esto tenga una moraleja”. Porque Hilo musical está lleno de disfraces, de escenarios de cartón-piedra, de vidas frustradas y de la música de aquellas “canciones que alguna vez brillaron y que ahora suenan apagadas” en el ambiente de cualquier lugar de ocio. A partir de todos estos rasgos, que recuerdan bastante a los tópicos que la Teoría ha detectado como propios de la narrativa posmoderna, se constituye la ficción de un simulacro o una exagerada parodia literaria: el parque temático llamado Villa verano con sus empleos basura, un hotel conocido como Castillo fantasma, una jerarquía de disfraces en los que se mezclan conocidos personajes de series de dibujos animados con calurosos trajes de animales y los personajes que debajo de ellos pierden su identidad. Y, en esta perfecta recreación del no-lugar, el hilo musical, “un colador que deja lo importante, los matices, fuera”, no puede ser más que la versión agradable de la música que tapa, metáfora de una vitalidad obstruida mediante un estado superficial basado en lo aparente y fabuloso. De ahí que gran parte de la obra sea eso: un guiño a una literatura que se agota en la parodia irónica como elemento creativo y la necesidad urgente de una renovación.

En este sentido, lo importante de Hilo musical reside –así lo creo yo- en dar cabida de nuevo a la anécdota, al chiste grotesco, a la broma tonta y al juego de palabras, un humor festivo y carnavalesco que poco a poco había quedado fuera del ámbito literario tras el Renacimiento por considerarse, según Lypovetsky, bajo e indecoroso. Relegado a este lugar, los avatares del personaje principal Tristán (a veces ‘Tristón’, otras ‘Tritón’ en ese juego de máscaras) acontecen entre un estado de ánimo sostenido por el hilo musical en la superficie de Villa verano y un espacio underground que se asume como lugar subversivo de lo real: el ‘coche-cueva’ (refugio de la adolescencia alejado de cualquier convención social y donde siempre suena la cinta de canciones ‘Las lentas y las rápidas’) y la disco-catacumba Atlantis (lugar de la fiesta, del disfraz no paródico, del sexo, del sudor, de la música “de concierto de tu vida y no de ascensor hacia el cadalso”…). Así es como Miqui Otero conforma su conflictivo espacio literario o, lo que es igual, la novela de los inadaptados, de los perdedores, de lerdos personajes antiheroicos -y que recuerdan más al bufón, al bobo o al torpe de antaño- que buscan una nueva oportunidad y una existencia plena.    

Y claro, la aparente fábula deja entrever, más que una moraleja, una cuestión  que subyace en el texto y que reúne, a la vez, una dimensión estética y otra más próxima a la ética: la de una revolución de fracasados contra el estado de bienestar con happy end incluido, que devuelve a la literatura -por lo menos la que se escribe en España de un tiempo a esta parte- la frescura que se estaba perdiendo en detrimento de esa ironía paródica y autocrítica tan posmoderna. De Hilo musical me encantan las trolas de los personajes que no callan, las anécdotas que son ‘cuentos chinos’ o leyendas urbanas y la música asociada a una verdad siempre oculta. Creo que contar batallitas -alejándose de las tonterías de Guillermo Fesser, desde luego- y la risa floja es todavía tabú en la literatura. Pero hay que recordar que esa literatura existe y que, de manera muy importante, forma parte de la tradición occidental. Por eso hay que tomarse en serio a Miqui Otero, porque ha sabido colocar a Juan Pardo junto a Rabelais sin perder un ápice de credibilidad. Hace falta valor.

 

 ANTONIO J. ALÍAS

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  1. Hay 2 temas de hilo musical que tengo con la mosca detrás de la oreja. A ver si alguien sabe cómo se llaman, por favor. Se escuchan fragmentos en:
    + http://www.watzatsong.com/EN/name-that-tune/287754.html
    + http://www.watzatsong.com/EN/name-that-tune/281075.html

    ¡Gracias!

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