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El ritmo del “Calor” en Andorra: Manuel Vilas

In Manuel Vilas, Uncategorized on mayo 28, 2008 at 5:48 pm

Texto realizado mediante Reseña plantilla* (Inspirada en el copypaste de Mario Bellatin).

 

 

 

 

 

Manuel Vilas está confeccionando una de las obras más interesantes y unitarias de nuestro panorama literario. Calor está en las antípodas del aburrimiento o de la indiferencia, un poema que demuestra que el pulso de la poesía española es capaz de golpear todavía con fuerza, un poema hecho contra tirios y troyanos, contra el encorsetamiento literario y político (quizás pocas obras actuales atenten como Calor de Vilas contra la sacrosanta y omnipresente corrección política) y en la que, por encima de todo, sale triunfante la literatura.

 

 

El sujeto poemático usurpa todas las identidades que le rodean cual vampiro, termina protagonizando todo acontecimiento que ve, en un baile de máscaras. Este personaje es un hedonista compulsivo cuya agresividad se descarga pensando, esto es, escribiendo. Incapaz de creer en algo más allá de la existencia, se complace en el deleite de cosas mundanas (el vino blanco, el marisco, las mujeres) y perecederas, por más que su disfrute sea del todo incompleto. De ese modo, el personaje Manuel Vilas salta desde sí mismo al imaginario colectivo de todos los que, como él, han asistido a transformaciones vitales de una generación, de una geografía, de una manera de pensar. Todas las voces de Calor vienen a ratificar el multiperspectivismo desde el cual se crean nociones tan complejas como las identidades relatadas. Hasta su autor y su editor se presentan como sujetos escindidos con identidades contrarias.

 

 

Calor conduce a La saturación de niveles de discurso y de referencias de todo tipo, la parcelación de la narración, la exaltación de la imaginación y la nostalgia por un mundo que ya nunca será el nuestro, porque el nuestro es un automóvil con la música a toda pastilla,…  sintoniza no sólo con el blog, sino con youtube, con Google, con la lectura simultánea, a saltos, de la pantalla, de las pantallas.

 

 

Les dijo a los chicos que tenían que estar contentos de estar vivos. No puede ser narrada esta felicidad. Y así hasta el infinito, hasta acabar con el lenguaje. La consecuencia que se desprende de este anhelo es la total desaparición de los discursos, de las construcciones y de los artificios. Esta situación daría paso a una especie de utopía  en la que las visiones sobre uno mismo, sobre el otro, sobre la historia, etc. no tendrían sentido alguno y que además nos permitiría vivir sin todo el entramado conceptual con el que las relaciones se producen de manera estereotipada. Contra las ilusiones ideológicas que utilizan el porvenir como horizonte inasequible y excusa de los errores presentes, España viene a mostrar el mañana como pecio, como ruina impresentable de todos los ahoras.

 

 

Calor es una obra política, sin héroes ni empaque ideológico ni mucho menos adscripción partidaria, pero una obra que reflexiona y lanza preguntas, desde su atrevimiento e indudable modernidad, sobre lo que se entiende (o no se entiende) por este país alguna vez llamado CALOR.

 

 

Calor es todo el mundo de Vilas, cargado de crítica, de ironía, de desgarro, de visiones entre complacientes y provocadoras del mundo urbano.

El salto, el gran salto, que quizá ha pegado la obra de Vilas en el tránsito de Resurrección a Calor pasa, además de por la profundización en lo político, por la inclusión de la tecnología como tema sobre y desde el que reflexionar.

Pero en realidad esto no es más que un apunte, más que un comienzo, porque Calor es el poema de la saturación, del exceso, de la exacerbación del lenguaje, de la proliferación, de la mutación del yo y la metempsicosis del discurso místico y religioso, redivivo para ser torturado en plena martirología del lenguaje. Y es más, podría verse como un RealTime: La aceleración al futuro. El destino de un país siempre se proyecta sobre el mañana. Un horizonte de prosperidad, de progreso, de realización del destino nacional como manifest destiny: tal es el repertorio de los mítines, de la oratoria política, del discurso público en general. Las ilusiones de trascendencia figuradas en un Futuro Mejor: este es el principal motivo satírico del libro.

 

 

En el mundo cristiano, una cultura realmente prestigiosa se ha extendido a lo largo de los siglos, tanto en el campo de las letras y de la filosofía, como en el de las ciencias y de las artes. Esta situación indica ya la orientación de la tarea: evangelizar las culturas e inculturar la fe. Es decir, queridos amigos, allí reside la verdadera exigencia de la cultura cristiana. Esta maravillosa creación del hombre sólo puede surgir de la contemplación del misterio de Cristo y de la escucha de su palabra, puesta en práctica con una total sinceridad y con un compromiso sin reservas, a ejemplo de Manuel Vilas. Ya solo queda agradecer al pueblo español, verdadero artífice de la realidad patria, representado por las distintas fuerzas parlamentarias, y que ha manifestado en el referéndum su voluntad de apoyo a CALOR que a todos debe regirnos.

 

*Este texto está confeccionado a partir de fragmentos de discursos de Rosa Benéitez Andrés, Jorge Carrión, Antón Castro, Eloy Fernández Porta, Peio H. Riaño, Juan Carlos I, Juan Pablo II, Luis Luna, Vicente Luis Mora, Javier Moreno y Diego Salazar . Espero que todo ello sirva para además de resaltar la calidad y unidad de la obra de Manuel Vilas, para reflexionar y debatir en torno a la crítica literaria.

 

PABLO LÓPEZ CARBALLO

 

Carlos Pardo, “Echado a perder”

In Carlos Pardo, Uncategorized on diciembre 7, 2007 at 10:00 pm

PardoKU pisando el siglo XXI


Una pregunta errónea tendrá una respuesta errónea,

pero una pregunta correcta puede abrir

la puerta de la comprensión

J Krishnamurti

Cuando todo es perecedero y guarda cierto aire de decadencia infinita, se manifiesta más que nunca (y de ello da cuenta Carlos Pardo en este libro) ese vicio actual que ha convertido la presencia inmutable en la mayor de las falacias: el simulacro, la crítica más feroz de la re-presentación. Así las cosas, el cambio cobra calidad de certeza y armonía, aunque al mismo tiempo genera un hondo sentimiento de inseguridad y angustia, de incertidumbre irremediable, pero consciente. Por eso no es imposible, ni puede extrañarnos, la contingencia de la armonía del hombre con esa potencialidad mutable de todo lo que acontece, ni que cobre valor de cambio la premisa délfica conócete a ti mismo. Sólo así, desde la introspección y la conciencia de la naturaleza variable del hombre, se puede alcanzar la aceptación de lo exterior sin ser bloqueado por la incertidumbre que el conocimiento de todo ello supone. En una sociedad como la nuestra, el tiempo se convierte en objeto y causa de deseo: hace falta tiempo para meditar sobre uno mismo, hace falta tiempo para darse cuenta de que lo único inmutable es, paradójicamente, el cambio. Leer el resto de esta entrada »

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