espacio de crítica literaria y cultural

«Odio Barcelona», VV. AA.

In Uncategorized on septiembre 30, 2008 at 11:56 am

¡Y sea falsa toda verdad en

la que no haya habido una carcajada!

NIETZSCHE

Imitar a los demás, seguir las modas, es malo;

pero es mucho peor imitarse a uno mismo, ponerse uno mismo

de modelo, ser una caricatura.

B. DELCLAUX

Ocurre, como con el placer y el dolor, que entre el odio y el amor hay una línea difusa: un lugar de convergencia que si se fuerza, se disloca. Así, en este libro, Odio Barcelona, se repite en ocasiones la famosa frase de Martín Casariego sobre las antigüedades del odio –nada une más a dos personas que hablar mal de una tercera– y su aportación indiscutible a la hora de crear lazos concomitantes; porque el odio, no lo olvidemos, es sobre todo una herramienta, un ritual perfectamente convencional y retórico (F. Porta).

Más allá de estrategias editoriales, el odio en este libro se presenta como uno de los vehículos temáticos de estos doce relatos, heterogéneos y dispares como, dado el ámbito de actuación que se plantea, no podría ser de otra forma. Barcelona, aquí y en este caso, es también otra herramienta, un medio. Más o menos explícitamente, son varios los relatos que abordan justamente este aspecto nominal –aunque fundamentalmente económico- de la Ciudad Condal, relegada hoy más que nunca –y hoy quiere decir aquí de los noventa en adelante- a producto del mercado, a logo-tipo de la pos-modernidad, de lo último, de lo in. Barcelona es una ciudad constantemente intervenida por los dictámenes de la moda del estado social tardocapitalista. Barcelona es “la mejor tienda del mundo”.

Un ejemplo: tecleo en Google “odio barcelona”; es domingo, 21 de Septiembre de 2008. Google (me) vomita aproximadamente 5280 resultados en tan sólo 0,25 segundos. Aquí nada es inocente; tampoco tiene nada de malo, pero revela un hecho algo evidente: Barcelona está de moda, vende y es rentable; como TM, funciona.

Evidentemente, todo esto tiene, cómo no, un precio; una consecuencia inmediata: Barcelona tiende a convertirse en (una) ciudad genérica. En este sentido, cuando todo está, como así parece, pre-determinado -y prueba de ello es el estado del urbanismo moderno; otro de los temas clave de este libro-, la identidad de la ciudad se desdibuja en un constante aplazamiento, como bien apunta Carol París cuando propone la Sagrada Familia como manifestación por excelencia de lo inacabado, como trauma sintomático de un ideal de perfección […] la perpetuación de una eterna “en construcción” […] que hace que Barcelona se sitúe en un continuo “estar a punto de convertirse en algo”.

Curiosamente, en 1997, Rem Koolhaas ya le dedicaba estas palabras: a veces, una ciudad antigua y singular como Barcelona, al simplificar excesivamente su identidad, se torna Genérica. Se vuelve transparente, como un logotipo. Ni que decir tiene, esta evacuación de la identidad, tal y como se refleja en la mayoría de estos relatos, preocupa: Los Magos Negros han existido desde hace mucho tiempo -apunta Javier Calvo-. Su Gran Acto de Magia Negra consiste en hacer desaparecer la ciudad y reemplazarla por un artefacto muerto.

Un proceso que conlleva una necesidad latente: la urgencia de un continuo mantenimiento, de una re-modernización casi constante para que Barcelona, al igual que un estudio de Hollywood, pueda producir una nueva identidad cada lunes por la mañana (Rem Koolhaas). Porque aquí, como se anuncia en Barcelona Arcade, aquí siempre es un día glorioso. De este modo, mientras el centro de la ciudad deviene en espejismo, en simulacro, al mismo tiempo éste se vuelve cada vez más destructivo, dando lugar al efecto burbuja del que habla Lucía Lijtmaer en su relato: la desorientación urbana relativa al espacio físico, que sólo se subsana a través de la abstracción de un mapa.

Un espectáculo de expansión y de desgaste al que sus propios ciudadanos asisten con actitud contemplativa, como afectados por un extraño caso de ceguera analítica. Es la droga de la pulsión diaria, el efecto narcótico de la alucinación de lo cotidiano: obstaculizar la mirada crítica y dejar que las cosas sigan ocurriendo. Como dice el refrán, si no plou, plourà […] y si no, no pasa nada. O mejor: ya veremos qué pasa. (Llucia Ramis). Aunque esto es siempre algo más complejo, y en absoluto lo único que molesta de Barcelona (a estas alturas, hablar de odio a esta ciudad -y en este contexto- me parece también un espejismo: sin llegar a tratarnos bien, y siempre desde una exigencia que roza el despotismo, la ciudad se ha ganado nuestro respeto –como al final concede L. Ramis).

Si recordamos, Lipovetsky ha llamado la atención sobre el hecho de que desde hace más de un siglo el capitalismo está desgarrado por una crisis cultural profunda: una situación que ha acabado relegando la Cultura a las arcas de monopolios y corporaciones de mediación cultural que nada o poco tienen que ver con una promoción cultural abastecida. En este sentido, resulta imprescindible plantearse el papel que tiene la cultura dentro de este nuevo-marco económico, sobre todo ahora que los museos se han convertido en absolutos lugares de tendencia, las ciudades en ingentes museos y todo, finalmente, en parque temático: Barcelona, capital del diseño, abanderada del civismo y las buenas maneras democráticas, capital internacional del libro y la lectura, la Meca europea de la música electrónica, […] la ciudad de la moda, capital indiscutible de la edición y de la sardana, elegida de Woody Allen e inconfesada amante de Ramoncín. Una Barcelona exultante para todos los gustos (Matías Néspolo); Barcelona […] el asteroide 495 de la serie 1921JB, descubierto en 1921 […]; Si miras por un telescopio lo suficientemente potente podrás comprobar que es el único asteroide que lleva gafas de pasta (Óscar Gual)

Ahora bien, nada de esto es único de Barcelona, aunque en esta ciudad se acuse, quizá, a mayor escala: el mismo peligro / miedo hay en todos los metros, las mismas miradas indiferentes, el mismo borreguismo, la misma sensación de alienación -y no sólo- en las horas punta, la misma tendencia, por muy grande que sea la ciudad, a construir guetos y círculos endogámicos, el mismo y aplastante déjà vu que acaba dominando cualquier incursión nocturna (P. Engel)

A todos nos hacen vivir como turistas en nuestras propias ciudades. O casi.

Pero suscribo: sería posible amar una ciudad sin jamás haberla pisado, pero […] es imposible odiar una ciudad si no se vive o se ha vivido en ella (Fernández Mallo).

De forma des-enfadada, estos relatos dan cuenta de ello: es más, es justamente esta mirada heterogénea la que genera el espacio de crítica que sustenta el punto de partida de este proyecto: desde la re-creación de una ciudad virtual, a un cuestionario de entrada, o a la recolección de los testimonios de ciudadanos de a pie que teclean cada una de las letras de su odio a esta ciudad. Es curioso cómo ellos mismos refieren las mismas ideas que también recogen estos relatos. La exposición de un discurso interiorizado de odio que, como bien apunta Fernández Porta, encuentra sus límites en el sentimiento nacional.

JARA CALLES

Myspace «odio barcelona»
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  1. La noticia de El Pais donde se resena este libro (perdon por los inexistentes acentos y falta de ennes) termina asi:

    La pregunta es de rigor: ¿para cuándo un Odio Sevilla, Odio Madrid u Odio Teruel? «Mucha gente nos lo está proponiendo desde distintos puntos de España, pero la verdad es que no nos gusta repetirnos».

    (La pregunta es del periodista y la respuesta entre comillas es de la editora Ana S. Pareja)

    Si mi hubieran preguntado a mi, yo hubiera dicho que hay ciudades que permiten este ejercicio y hay ciudades que no. No tendria demasiado sentido un ‘odio madrid’ porque madrid ya lleva siendo archiodiado publicamente por millones de espanoles de provincias que a la velocidad de la luz podemos esgrimir ochocientos mil argumentos por los cuales, ni locos, viviriamos en Madrid. Los propios madrilenos se cagan en Madrid constamente, o sea, que hay costumbre, tradicion de odiar madrid, vaya, cualquier mesetario reconocera que es un topico conversacional entre castellanos, machegos, extremenos, etc, mentarle la madre a madrid a la primera de cambio. Un libro llamado Odio Madrid seria demasiado topico, no traeria nada nuevo, son muchos los anos que los de provincias llevamos sacandole defectos a la capital, no habria mucho que decir. Que por que hablamos tan mal de madrid ya es otro tema y daria para mucho. Quizas en este caso el libro interesante se podria llamar:

    Provinciano, por que odias madrid?

    Muchisimo mas apropiado me parece el titulo Odio Sevilla, Odio San Sebastian, Odio Salamanca, u odio cualquier ciudad donde la dos frases mas frecuentes entre parroquianos sean:

    – Es que como aqui no se vive en ningun lao…

    – Mi ciudad es la mas bonita de Espana…

    Estas son las dos grandes certezas del provinciano orgulloso. Todos creen que su ciudad es la mas bonita, la mas visitable, que no hay otra igual en el mundo (si, en el mundo, a nivel nacional ya se da por supuesto). Esta belleza arquitectonica y urbanistica viene, ademas, acompanada por un estilo de vida inigualable. No los hay mas sabios en su forma de entender la vida, no existen otros lugares donde la ciudad se adapte mejor a las VERDADERAS necesidades del hombre. Y eso, evidentemente, ha creado a seres especiales de origen, tocados por un hado, que gustan de decir de donde son alto y claro en las reuniones sociales, a sabiendas de que su ciudad siempre es buen tema de conversacion, y es un topico adularala, casi una obligacion de cortesia, que algunos llevan mas lejos, llegando hasta a confesar cierta envidia ante la suerte del biennacido (a estas alturas, se deberia entender por que un Odio Teruel, Odio Zamora u Odio Vigo tambien deberian descartarse).

    Creo que hay un test infalible para saber si tu ciudad natal sirve para un libro igual a Odio Barcelona. Sal a la calle, queda con los amigos de toda la vida y di algo asi como ‘joder, como odio esta puta ciudad’. Si la afirmacion es recibida con cierta indiferncia, pasividad, o directamente es secundada, es decir, si realmente a todo el mundo le importa poco y le sorprende menos que te cagues en tu ciudad, es que tu ciudad no vale.

    Si, por el contrario, de pronto parece que a todos se les acaba de morir un primo, y que a ese primo lo has matado tu… pues nada nada, a escribir…

  2. Es lo que tú dices, no muchas ciudades españolas podrían soportar este juego, «odio + laciudadqueunoquiera», en los mismos términos que Barcelona. Es una generalización, pero digamos que Barcelona es una ciudad que gusta a todo el mundo. Por imaginar, invirtamos ahora los términos: Me gusta Teruel (¡Teruel existe!); Me gusta Zamora…

    Casi.

    Saliendo un poco del tema, ayer encontré esto en «Todo lleva carne», de Peio H. Riaño:

    «Lo que le jode a un experto en turismo de masas es que no exista el turista de calidad, porque el único turista real es el que llega en manada, es el vulgar, ridículo, arrogante y egoísta, que sólo piensa en fotografiarlo todo, hacer comentarios de graciosillo y comer de «tupper». Por eso le jode pensar que cuando se consolide la clase media en la India y China querrán venir a visitarnos… y entonces, Barcelona se colapsará. Le jode que no estemos preparados para recibirlos y no se hayan copiado ya todos los monumentos de la ciudad en cartón para decorados, como ocurrió con las cuevas de Altamira, antes de que los arrasen. Quiere que lo copiemos todo si no queremos que la Pedrera sea destrozada, porque no hay Pedrera para ser contemplada por tantos.»

    Muy en la línea.

    Un abrazo, Miguel.

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