espacio de crítica literaria y cultural

Posts Tagged ‘narrativa’

“No habrá after- después de este post”

In Uncategorized on noviembre 20, 2010 at 10:02 pm


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“Fabulosos monos marinos” de Óscar Gual y el travelling óptico

In Óscar Gual, Uncategorized on octubre 20, 2010 at 3:05 pm

De un tiempo a esta parte, cada vez son más los “jóvenes” escritores que se suman a las listas de novedades editoriales (lo que en sí mismo es un valor muy cuestionable), aunque finalmente son muy pocos los que continúan desarrollando proyectos interesantes -independientemente del gusto- con verdadera apertura y madurez estética. Por esto mismo, no creo exagerar si afirmo que Óscar Gual es uno de los autores con más proyección de los últimos años, como ya quedó apuntado con la publicación de Cut and Roll (DVD, 2008), cuyo discurso aún sigue ofreciendo motivos para la reflexión, y como se constata ahora con la publicación de este nuevo proyecto.

Bajo mi punto de vista, lo que media entre estas dos novelas es una solución de continuidad. Lo vemos a través de capítulos como Bonus track 3, que continúa el final (y esto cuestiona su cierre) de Cut and Roll; pero también con la filtración de personajes como Joel o Cristof Giraudoux y situaciones como aquella escena del poncho, que era brillante en términos discursivos. Teniendo esto en cuenta, podríamos pensar que a través de estas publicaciones se está perfilando un proyecto de dimensiones mayores, que incluiría cuestiones como la investigación desde el punto de vista literario del concepto de identidad y sus condiciones de escritura en la actualidad. Es decir, atendiendo a sus pliegues (desdoblamientos) y mutaciones, sean éstas ocasionadas de forma natural, psicotrópica, virtual o tecnológica. Lee el resto de esta entrada »

¿Y quién no necesita B?; a propósito de “B”, Alberto Santamaría

In Alberto Santamaría, Uncategorized on diciembre 30, 2009 at 11:22 pm

 La historia es sencilla: un hombre habla/cuenta/relata/muestra una serie de hechos delante de una cámara, ayudándose casi exclusivamente de su memoria. Éstos nos suscitan muchas preguntas, ¿Quién es?, ¿Quién es B?, ¿Por qué…?, ¿Cómo…?, ¿Cuándo…? Afortunadamente este libro no contiene las respuestas, ya que de lo contrario seguiría la estela de tantísimos textos que en nuestros tiempos continúan abusando de modelos medievales, renacentistas, o barrocos, basándose en el enigma y desprendiendo moralidad. Sobra decir que en B no encontramos ni una cosa ni la otra, solo una obra literaria de altura.

TRABAJOS DE PERCEPCIÓN

Una de las particularidades de este libro reside en la capacidad imaginativa del narrador y en el uso que, al servicio de ésta, se hace de la memoria -en lugar de ser una simple herramienta arqueológica-. El proceso perceptivo se sitúa aquí justo en el momento en el que el narrador está delante de la cámara y nunca se traslada a los momentos previos, a aquellos que generaron la imagen en la memoria. De esta manera lo que se produce son siempre imágenes nuevas y no reconstrucciones de otras preexistentes. Así, el momento de la narración es el único que nos ocupa, aparcando el resto de imágenes, que permanecen en la memoria esperando a tomar forma. Karl Wallenda, uno de los personajes a los que alude el narrador, dice: “estar en la cuerda floja es vivir, todo lo demás es esperar”.

Y ahora, esta misma sentencia podría ser aplicada a las imágenes que surgen de la memoria, en tanto que materia, para volver a vivir. Nacen, una vez más, para conformar un nuevo territorio, un nuevo paisaje que necesita ser observado como único. Lee el resto de esta entrada »

Micropolíticas del horror: “Jerusalén”, Gonçalo M. Tavares

In Gonzalo M. Tavares, Uncategorized on noviembre 30, 2009 at 1:58 am

¿Qué literatura encontraremos en la gran masa de los hechos?

FRANCO MORETTI, La literatura vista desde lejos

Hace unos años, cuando aún recorría las rúas de Lisboa, la gente hablaba de un escritor joven como si se tratara de un gran descubrimiento. Fue, desde luego, la comidilla intelectual de entonces. Fixe. Tan acostumbrados como estamos a los filones mediáticos y fenómenos culturales de masa, bien me parecía que el joven escritor respondiera perfectamente a las necesidades estratégicas de una industria cultural en declive. Su aparición podría tener un claro objetivo: animar un mercado editorial, el portugués, que todavía vive de los réditos de un Pessoa ya en merchandising y de la resaca de una generación poética, la que aglutinó sus versos en torna a aquel año de 1961, fuerte y desestabilizadora. Lo sensacional –y lo digo en el sentido en que hoy entendemos los hechos, mediáticamente- fue que, tras salir el nombre de Gonçalo M. Tavares de un reputado premio literario, las librerías se llenaron de cuantiosos títulos del autor en muy poco tiempo. En cambio, desde un ámbito más gnoseológico se abría de nuevo la brecha entre lo anónimo y lo público para mostrar el baudelairiano panorama que recoge a ambas categorías: la multitud lisboeta que se reúne ante la novedad, frente a la desconocida soledad del escritor ante la toda la literatura. El hecho de escribir mucho y bien, y tocar todos los palos literarios (sin llevarse él ninguno), tapaba, sin embargo, el acontecimiento real, el sentido de aquella escritura múltiple y en multitud: literatura de fondo (del cajón), literatura fruto de la constancia y del trabajo, literatura del que lee literatura, literatura de años, literatura errática, la del aprendizaje, la del conocimiento. Lee el resto de esta entrada »

Intente usar otras palabras, de Germán Sierra

In Germán Sierra, Uncategorized on septiembre 20, 2009 at 2:56 pm

jose lourenço

Como en sus anteriores proyectos, Germán Sierra continúa en esta novela su particular programa de diagnosis del presente a través del formato literario. Siempre bajo el prisma de historias amables y personajes insulsos (ahora Carlos Prat, antes el abogado Oriol), el autor elabora su pretexto para dejar al descubierto algunas de las principales obsesiones de la sociedad contemporánea, como son la paranoia, la globalización, el sexo o la panoptofilia, que es el extremo opuesto de la paranoia y uno de los principales ejes de esta novela. Del mismo modo que ocurría en Efectos secundarios (Debate, 2000) o Alto voltaje (Mondadori, 2004), el problema base que edifica esta narrativa consiste en la falta de intensidad de la vida cotidiana, que resulta insuficiente y átona para casi todos los protagonistas de sus relatos, sobre todo los masculinos. En esta novela, en particular, Germán Sierra nos presenta a un personaje (un funcionario) que busca sus minutos de gloria en una ficción que ha acabado convirtiendo en realidad: su papel como protagonista en la novela que una ex amante ha ido escribiendo (aunque de ello no haya constancia) a lo largo de los últimos años. Lee el resto de esta entrada »

“Cut and Roll”, Óscar Gual

In Óscar Gual, Uncategorized on julio 22, 2008 at 6:35 pm

Ctrl + C

Las aguas que viste, donde está sentada la prostituta,

son pueblos y multitudes y naciones y lenguas […]

Pues Dios ha puesto en sus corazones que ejecuten

el plan divino, que cumplan aquel plan común

y que entreguen su reino a la bestia

APOCALIPSIS 17, 3-18, 14

Intro. Existe un trágico cotidiano que es mucho más real, mucho más profundo y mucho más conforme con nuestro ser verdadero que lo trágico de las grandes aventuras [Maeterlinck]: el tedio, un vicio que lleva tanto a una existencia ab-horrere como al zapping televisivo; el último de los pecados capitales. // play Si hace unas semanas hablábamos de una peculiar firma empresarial –Morthotel-, ahora es el momento de otra extraña [corpo]ración, ésta también relacionada con el éxito y la muerte, aunque de un modo distinto: si con Jack el Destripador empezó el siglo veinte, tengo la sensación de que conmigo se agota patética e ineluctablemente la fórmula, afirma, no sin cierta exuberancia verbal, un cínico Joel, protagonista de esta novela pero último eslabón de la singular compañía.

Con un inicio que nos recuerda a comienzos de películas como Lost Highway o Benny´s video (en tanto son tres los niveles de recepción en este momento: el de la cámara del bar, el del propio Joel y el nuestro) nos adentramos en una trama confusa y algo bizarra, dispuesta en tracks, cuya pauta va marcada unas veces por las necesidades de Joel, y otras por el capricho del narrador: dos voces que en ocasiones se confunden o se desdicen y que juegan a aportar más dinamismo, pero también distancia –y esto es fundamental en este texto- a la narración. Una narración, por cierto, cargada de referencias y puntos de fuga, como son el cine (Tarantino, Tarkovski, Chan-Wook Park, Kubrick, Ridley Scott, Monty Phyton), la música (Tchaikovsky, Tom Waits, Ozzy Osbourne), o la televisión, la física, la medicina, la óptica, la lógica, la informática, el arte, la literatura, el periodismo…etc. Una nómina abrumadora que da perfecta cuenta del uso y función de su licencia creativa –que en absoluto podemos pensar gratuita-.

//rew Pero rebobinemos, volvamos al punto de partida, porque es justamente ese vídeo el que configura el leitmotiv de la narración, el objeto de la búsqueda de Joel o, lo que es lo mismo, el elemento decisivo para el desarrollo de la trama de esta novela. Y es que la organización –mafia- para la que trabaja Joel sigue una peculiar política empresarial: la concesión de determinados deseos a cambio de la entrega de alguna de las partes del cuerpo de sus clientes –renovados faustos para este siglo veintiuno-, y sin posibilidad de resistencia; evidentemente, esto hacía del trabajo de Joel algo triunfalmente rápido y limpio [pague su hipoteca en cómodos plazos], y bien pagado. Porque los accidentes fortuitos existen, sí, pero a partir de ahora, fíjate. […] Si le cedes el sitio en el bus a un lisiado para que ocupe tu asiento piensa en lo que habrá obtenido a cambio. En que a lo mejor eres tú el disminuido. En la deuda que habrá contraído.

Aunque, como no podría ser de otra forma, el problema aparece cuando la concesión conlleva la propia mutabilidad del cliente, porque si, como ocurre, éste se niega a pagar su saldo, entonces todo se complica. Y he aquí la peripecia, en el sentido más teatral del término, que hace que su rutina se desestabilice y mute su estado [¿está, acaso, convirtiéndose en un monstruo?]. Porque de hecho, incluso (o a pesar) del Manual del buen detective y de la confianza que él mismo deposita en su modus operandi, le asaltan dudas, inseguridades, y miedo. Se enfrenta a una criatura posthumana, a la simbiosis poética de Konstantin Stanislavski (autor del Método) y Jean Giraudoux (popular escritor francés de principios del siglo veinte), aquí socios y amantes, devenidos una sola personalidad o conciencia –maleable a su antojo- para la consecución del arte total; la asunción del artista perfecto. Averiguarán cómo ser libres al fin. […] Lo harán  por su amor y lo harán en nombre del Arte: del Método.

De este modo, su vertiginosa investigación le precipitará a la decadente y apestosa Venecia, manido topoi si se quiere, donde se sucederán diversos episodios –verdaderamente visuales, incluso fílmicos- hasta llegar al desenlace de esta historia, en un final desesperado, cuando la línea de la vida está empezando a sangrar, y en el que no falta de nada: el choque de esencias: el señor de las infinitas identidades contra el hombre sin personalidad. Un encuentro dialéctico y tenso que, finalmente, desemboca en un suceso que cobra dimensiones bíblicas: un apocalipsis desconcertante, barroco, incluso kitsch.

Venecia cruje.

// pause [porque eso no es todo ]. Dice D. Scott Brown que las nuevas fuentes se buscan cuando las viejas formas se vuelves caducas y la salida no está clara, y tiene razón. Como ejemplo, Cut and Roll: una novela que puede entenderse –más allá de juicios valorativos- bajo la lógica del Nuevo Humanismo. En este sentido, Cut and Roll aborda asuntos interesantes relacionados con este tema, y en muy estrecha relación con la propia problemática que el texto acoge: los cyborgs, los autómatas, los replicantes. Según leemos, los cuerpos humanos puros están en desuso. La tecnología está ahí para que la usemos, pero también para que formemos parte de ella, para que nos mezclemos con ella, para que la invitemos a nuestras casas, a nuestra carne. Por extensión, podemos pensar en identidades mutantes, en sujetos que ya no pueden entenderse desde el punto de vista tradicional: se trata de un modo de existencia terminal, la del ser humano conectado a redes y utilizando el lenguaje de las redes, “siendo digital” (JL Molinuevo); tecnológico.

Un nuevo paradigma que, en este caso en concreto, aparece materializado no ya sólo en su temática, sino también, por ejemplo, en la inclusión de fragmentos del lenguaje informático, más allá de un uso (y función) meramente anecdótico o esteticista. Si recordamos, el modo de actuación (funcionamiento) de Joel responde, como él mismo señala en repetidas ocasiones, a las coordenadas propias que ejecutaría un autómata: la ejecución directa y eficiente (automática) de determinados comandos [77   else return –1; // función actuar -› ok] y sin ningún tipo de cuestionamiento moral o ético.

Muy en esta línea, en Cut and Roll, considero, se propone además una lectura encuadrada dentro de un modo loop: un discurso en bucle que plantea distintos niveles de expresión, en un tiempo discontinuo y fragmentado, muy acorde, como bien puede deducirse, con esa idea de corte tan presente en toda esta narración (tanto desde su estructuración formal –27 tracks- como desde la propia producción del discurso –el propio cuerpo, la misma historia- y el título, que alude claramente a los comandos [cut and paste] del lenguaje informático, y a la música rock: los dos imaginarios sobre los que gravita esta narración).

Tan es así, que es justamente esta configuración en bucle la que sostiene y propicia el volumen semántico de la obra, ya sea focalizado en los peces (tratamiento de la violencia, pero también de la supervivencia), en el bonsái (y el arte -irónico- de la poda) o en el camaleón (y la reflexión sobre la propia identidad); factores, al fin y al cabo, que contribuyen a la continuidad de ese bucle perfecto de planos semánticos superpuestos e interrelacionados. Porque el efecto poético (decía Lotman) reside justamente en la íntima relación que guardan, por defecto, los aspectos formales (la disposición del texto) y los semánticos (el contenido), ambos indisociables.

Esc.

JARA CALLES








































 

 

nuevos estados agramaticales. “la soledad de las vocales”, josé maría pérez álvarez

In José María Pérez Álvarez, Uncategorized on julio 8, 2008 at 5:27 pm

cierto día, y mientras los tres gatitos estaban tranquilos

y felices, un feo abejorro entró en la casa y picó en la mano de canelo,

que dijo: o, o, o, o, hasta que el abejorro se marchó

por un agujero redondo que había en la pared.

 

micho, método de lectura castellana

 

Mme. Martin – Bazar, Balzac, Bazaine!

M. Martin – Bizarre, beaux-arts, baisers!

M. Smith – A, c, i , o , u , a , c, i, o, u, a , c, i, o, u, i!

Mme. Martin – B, c, d, f, g, l, m, n, p, r, s, t, v, w, x, z!

 

ionesco, la cantante calva

no hay deporte que se precie que no tenga un coro animador o un conjunto vociferante en su emprendimiento hacia la victoria. las cheerleaders, en su función de alegrar la vista a los espectadores, esconden un ritual vocal que se inicia en el alveolo pulmonar y acaba en el pompón agitado. y gritan y no paran de pedir vocales, consonantes hasta la demarcación poderosa de un territorio, de un cierto estado de ánimo, cuyo efecto principal es la protección contra el fracaso y el cansancio físico de los deportistas. en ese sentido, la literatura, en tanto que escritura atlética (deleuze), participa en la creación de estados sintácticos y gramaticales que son, en realidad, estados de ánimo o de conciencia. sin embargo, y lejos de la idea olímpica de deporte, la literatura se ejercita en huidas turbadoras hacia ningún lugar como ocurre en el caso de la soledad de las vocales, de josé maría pérez álvarez: «la literatura nunca trata de nada, es un vacío, así que pienso que la literatura es como mi vida, como mis recuerdos que no son nada, ni siquiera humildes o miserables, nada, ése es el argumento de cualquier existencia». la habitación poética de heidegger es aquí la habitación patética de una pensión (cada vez más, el hotel o el motel o la pensión se confirman en literatura como un topoi post), lugar común de la marginalidad y lugar de paso del nomadismo (literario). Y en esa transitoriedad, el verbo estar se funda en un no-estar, de la misma manera que la gramaticalidad del lenguaje se des-hace en una agramaticalidad literaria. la búsqueda de los límites de la sintaxis o la composición de una lengua extranjera (exacerbada apostura al concepto de extrañamiento) en la descomposición de la lengua materna debe ser la línea no recta e infinita que recorra la escritura. propiamente: trayecto del sentido al sinsentido, de la presencia a la ausencia, de la literatura a la no-literatura. artaud omitía letras en sus actos de violencia lingüística, retorcía sus palabras; en su encuentro con lo ilógico, las vocales y las consonantes volvían a un sonido repetitivo y primitivo, el que produce la angustia de un grito solitario.          

 

a de agramaticalidad. «[…] el letrero de neón tenía entonces todas las letras –dice- y yo tenía todos mis dientes –digo- ahora del letrero sólo quedan la U y la N, de mi boca nada más que la amargura de todas las mañanas, seguramente soy un letrero que se extingue poco a poco». de la existencia que nos concede el lenguaje se ha escrito mucho, no tanto de la muerte en los desmoronamientos discursivos. el sentido de la literatura desaparece con la decrepitud de sus propios personajes: es la desaparición de la gramática literaria, si alguna vez ésta existió. en esta novela podemos encontrar la descomposición del lenguaje en tres lugares: 1. en el tema, 2. en la sintaxis discursiva, y 3. en las referencias literarias. la concreción de este lugar literario comienza en su propio desprendimiento: las luces de neón que se funden de la pensión lausana. más que un existencia, se parte de una inexistencia o, mejor dicho, de una existencia parpadeante y fugaz que viene determinada por el fogonazo luminoso final de las letras en extinción de ese neón. un lugar de nombre incompleto que marca la vida también incompleta de sus habitantes. de la ya de por sí marginalidad del espacio ficcional (lista de recepción inhóspita donde se extinguen un escritor sin éxito, un pintor sin inspiración, una vieja gloria de la natación, una pareja de homosexuales, un tapicero serbio abocado a la bebida después de la guerra y el fantasma de una suicida), se pasa a un ejercicio de frustración que sigue las pautas de lo incorrecto, de la disminución, de lo fatídico, tanto que el narrador habla de la suya como una biografía adversa. por todo esto, la novela es una antinovela des-narrada por un antihéroe. la labor literaria antitética es practicada por pérez álvarez desde una apostura moderna, es decir, desde descentramientos lingüísticos ya practicados por los grandes escritores del siglo XX. no hay nada nuevo en esto, pero tampoco pretensiones de ocultarlo. aplicando la minoridad deleuziana, podemos afirmar que hay una utilización menor (uso lingüístico) de una lengua mayor (norma lingüística) que nos llevará a la conformación de una literatura menor frente a una literatura mayor –y podríamos aprovechar aquí para reivindicar la madurez literaria de su autor desde su minoría (comercial). lo curioso es que esta huída hacia el desequilibrio proviene de desequilibrios ya clásicos en literatura. ¿cuáles son las maneras de minorar la lengua? significativamente, la desaparición de las mayúsculas, las alteraciones sintácticas mediante la sustracción de la coma y de los puntos, y la redundancia de temas, motivos e ideas hacen situarse a la soledad de las vocales en los mismos límites de la gramática y lejos de cualquier idea fija respecto a la literatura. el resultado presente se equipara a proezas magnas e insuperables como el ulises de joyce o la montaña mágica de thomas mann (literatura mayor que en su momento fue menor) por las claras referencias y lo similar de su des-hacer literario, sin embargo, y más allá de las supuestas apreciaciones metaliterarias, el reconocimiento de personajes y autores literarios no se puede entender si no es desde la ficción total o la borrachera narrativa aquí presentes.

 

 

e de ebriedad. Toda la descomposición narrativa acompaña a un cuerpo que se vacía –el del personaje que cuenta-, que se des-organiza y que se va llenando de alcoholes y soledades, lo que le conduce a un punto muerto en sus funciones ficcionales para dejar paso a los efectos propios de la ebriedad. el principal de ellos es la fragmentación del presente en dos, en la vivencia de dos presentes a la vez: el de los recuerdos apenas recuperados y el de un futuro inexistente. uno y otro vividos simultáneamente en la botella de whisky: «el alcohol no me proporciona ni el olvido ni inmortalidad». en la imposibilidad esquizofrénica, el narrador hace de la bebida su patria y su única salida es, entonces, la fábula, la imaginación o el delirio constante. el efecto es la misma narración, una escritura nómada, que por serlo busca otros efectos, otras vivencias, otros cuerpos. el alcoholismo multiplica una identidad infinita en detrimento de las identidades fijas (otredad:«[…] reeditar la existencia convertido en otra persona, no poder desaparecer nunca, ser inmigrante en otros cuerpos […] yo soy druso soy español soy francés soy chií soy apátrida soy judas vendiendo a cristo por tres euros soy franz dertod el judío asesinado soy […]»). el devenir narrativo hacia otras historias, hacia las des-variaciones ficticias, convierte la voz del narrador en una conciencia monomaniática. sujeto-larva. precisamente, eso: un cuerpo indeterminado, no fijo, sin forma que busca encarnarse en otros. impulsos vitales frente a la muerte; de la miseria al éxito. de ahí las fijaciones en los cuerpos de los grandes campeones de la natación («ah los cuerpos exactos de las nadadoras los cuerpos gloriosos de las nadadoras los cuerpos solitarios de las nadadoras»), y de las citas con mujeres que siempre le abandonan. ¿cómo se dis-locan los pensamientos? ¿cómo se deforma la escritura? las posibilidades del alcohol son, desde luego, fabulosas.   

 

i de ritornelo. ¿cómo se hace un ritornelo? ¿cómo se construye una narrativa sin salida? si lo despojamos de su fisicidad, si lo convertimos en un espacio mental, en un lugar privilegiado para la experiencia privada, en metáfora de uno mismo (pero de todos), un cuarto de hotel puede presentarse también como pretexto: «pretextar el objeto de la escritura en la escritura misma ha sido una estrategia muy del siglo xx: supone un “poetizar” la escritura reflexiva, convertirla en espejo de sí misma» (Eduardo Milán). el cierre de la conciencia sobre sí misma pasa a ser la estructura de un texto, de este texto. pre-texto como espacio en formación hacia el texto: una a-sintaxis, una a-gramaticalidad, que como ya se ha dicho, nos conduce hacia el afuera del lenguaje y a los abismos (fonéticos o sonoros) de la literatura. no obstante, y al igual que ocurre con el obsesivo narrador, sus repeticiones -incesantes y exasperantes- hacen del texto una música, una especie de estribillo sin fin. deleuze nos da la clave: el narrador ha entrado en un ritornelo, en un bucle sin salida radicado en las repeticiones de esas obsesiones (visuales y sonoras), que construyen un estado (de conciencia) interior angosto, cuya fachada le protege del vacío existencial. es decir, el ritornelo sirve para territorializar, marcar un espacio protector contra la incertidumbre y el sinsentido. novela en loop. de todas maneras, el cierre de la conciencia sobre sí misma crea esta cartografía del delirio, que tampoco permite la racionalización del sujeto sino la des-variación -téngase en cuenta su acepción musical- sobre su conciencia y el (pre)texto para la ficción que se abre paso. y si la estructura de esta novela es la repetición ritornelística, los logros se producen a través de las variaciones sobre ésta. baste recordar que el conocido flujo de conciencia de joyce partía de la melodía infinita wagneriana, lo que hace de esta novela una (des)variación de lo inexpresable, como un lenguaje melódico que fluye sobre sí libremente, fuera de la categoría de personaje. ¿cómo funciona este ritornelo? (1) haciendo presentes motivos de narración (repetición) que se extienden en otras ficciones (variación) y que se agencian –y alargan- a otras historias (la hipotética vida de un franz kafka que no lo es) o a narraciones literarias (usurpando repetidamente frases memorables de novelas como, por ejemplo, la montaña mágica: amando como se ama cuando el amor está prohibido). concretamente, a las variaciones corresponden estos actos de ficción menor, pero que aquí se convierten en la grandeza de la novela: la continuación (ficcionalizada) de la vida de franz kafka, que por ser una variación no presenta una biografía de kafka: es la historia de franz dertod, escritor judío nacido en 1920; donde la historia de amor con milena es un hecho (posible) y cuya muerte acaece violentamente con la ocupación nazi de parís en 1944. la imposibilidad de lo real crea agenciamientos (de deseo) maquínicos hacia las posibilidades de la literatura. el baile de fechas reales y ficticias se confunden en las identidades  de kafka y de dertod: hay un tiempo y un lugar que convergen en lo que llamamos literatura, es decir, maneras inéditas de vivir. esta misma variación, ficción, entra a su vez en la búsqueda de un ritornelo, de su propia línea de fuga: «[…] te gustaría que se rompiera el silencio, que sonara una ametralladora, un tranvía, una canción de edith piaf le ciel bleu sur nous Pert s`effondrer la sirena de un barco, el llanto de un niño, el trino de un pájaro, cierras los ojos, franz, repites fragmentos de oraciones en dos idiomas […]». para escapar de la muerte, del terror, del caos siempre es necesaria una cancioncilla (deleuze/j.l. pardo). los efectos tienen también sus efectos. ¿cómo funciona este ritornelo? (2) haciendo de las repeticiones (nombres, cuerpos u objetos) estribillos, canciones u oraciones (repeticiones y parodias en verso de las que el ulises de joyce está llena). ¿cómo funciona este ritornelo? (3) conectándolo una y otra vez a otras melodías ya existentes: bye bye love I sure am blue she was my baby till he stepped in goodbye [to romance that might have benn / bye bye love, bye bye hapiness] (simon and garfunkel), “summertime” (cher y sonny en confusión con la pareja tina e ike turner), hustle here and hustle there (lou reed en “walk on the wild side), jaques brel, norah jones, etc. la inclusión de la melodía convierte a la literatura en un territorio musical, una de-cadencia lenta y dolorosa lejos de las palabras, como dice j.l. pardo, «ni prosa seca ni relato, la música constituye el Afuera del lenguaje: tiene todo el ropaje externo de la palabra (ritmos, imá­genes, tonos, acentos, sensaciones) sin su contenido “lógico” o “narrativo”: es cantilena».

 
 

 

o de boca. “di a” es la mayor expresión del interior hacia el exterior cuyo límite es la boca. y es la boca la que canta, la que silva, la que tararea. el cuerpo está compuesto de palabras que salen de sus bocas mentirosas, bocas de la conciencia sin salida. boca parlante, boca (sin dientes) que habla en voz de otros, una boca esquizofrénica que cumple una doble función beber-hablar: si es el alcoholismo lo que hace desvariar al narrador hacia la ficción, su boca se convierte en verborrea incontenible y falacia vocacional: la voz de pierde en otras voces del discurso. ¿qué son, si no, el resto de personajes que cohabitan en la pensión? no podemos hablar de distintos personajes cuando es sólo una voz la que se despliega en la charlatanería narrativa de las otras, ya que en ningún momento se abandona eso que se ha denominado estilo indirecto libre. todas las conciencias, toda la marginalidad parte de una misma y única soledad, la que verdaderamente habla y aparentemente (se) escribe.

las manos y la boca, órganos literarios opuestos: mientras las manos conservan una memoria escribible (la nostalgia de las manos de joyce se hace recuerdo con la escritura actual), la boca oraliza los estados de conciencia imposibles de fijar en la escritura. en esa lucha clásica entre oralidad y escritura se debate la existencia o la muerte: «sin palabras y sin recuerdos nadie puede vivir».

 

 

u de muerte. «[…] somos sujetos que llevamos inscrita la muerte en nuestro apellido, en nuestros genes, en nuestro gestos, en nuestros antebrazos, en nuestras palabras en nuestros ojos, en nuestros sexos, sujetos que despertamos resacosos en la habitación de una pensión[…]». la muerte se escribe y hace olvidar y recuerda que, un cuerpo es una memoria de cuchillas sobre la herida de un fantasma olvidado. también que nuestra escritura, nuestro nombre, es una muerte segura: franz dertod (en alemán der tod: la muerte). los intentos vitales son muerte, las fugas son muerte, las pensiones son muerte, el alcohol es muerte, el amor es muerte, la literatura es muerte. la presencia de la muerte se escribe como una novela a la que se le caen los párrafos hasta quedar

en versos (buscando de nuevo esa musiquilla)

también de

muerte (sin punto final)

 

 

 

ANTONIO J. ALÍAS

 

        

 

 

 

 

 

El lugar de la narrativa: “La grieta” de J. Fernández

In Javier Fernández, Uncategorized on febrero 2, 2008 at 1:06 pm

linarejosdefi

No hay nada más real que lo que subyace y esto es lo que demuestra Javier Fernández con su creciente proyecto narrativo. Es uno de los pocos escritores españoles que hoy busca nuevos caminos para la narrativa, en ella misma y en relación al entorno socio-político. Otros nos imponen una pobre mirada que se agota en sí misma, sin ser capaces de conectar mundo-narrativo y mundo-real (olvidando que forman parte de lo mismo) y estableciendo relaciones de poco interés. Sin embargo, la obra de Javier Fernández es una gran superficie, una plataforma que se autogestiona y abastece con material terrestre, creciendo en todas direcciones. Dentro de su libro La Grieta, encontramos una narración de título homónimo, que se corresponde a la ya aparecida en Cero absoluto (2005). De este modo, se abre la grieta de un libro a otro, conectando ambas publicaciones y estableciendo una fisura en un cuerpo sólido (el libro mismo), en la piel del autor y en su propio conjunto, cosa que amenaza la unidad del proyecto y que genera a su vez una mayor consistencia ante la amenaza. Lee el resto de esta entrada »